El reciente respiro de la naturaleza no duró mucho y, es más, la problemática se ha intensificado. A continuación, hago una fotografía de los temas mas “candentes” en los países amazónicos vecinos y el Perú.    

En Bolivia, las elecciones presidenciales de octubre dominan el panorama. Sin embargo, el incremento del número de “focos de calor” (quemas e incendios), está trayendo un déjà vu del año pasado, particularmente en la región amazónica de Pando, y en la Chiquitanía del departamento de Santa Cruz. Como se recordará, en el 2019, cerca de 4 millones de hectáreas quedaron en cenizas, incluso más que en Brasil. En ese entonces, los incendios fueron atribuidos a las políticas electorales de Evo Morales. Este año puede ser peor que el anterior, y no hay Evo a quién culpar por ello. Si no se toman prontas medidas de prevención, estos incendios pueden “quemar” la candidatura de la presidenta aspirante.

Incendios en las pampas bolivianas. Foto: Enrique Ortiz

En Brasil, el incremento de focos de calor en el último mes se muestra superior al del año pasado, lo cual ha desencadenado amenazas comerciales de parte de la Unión Europea. Como respuesta, el vicepresidente Mourão fue encargado de “apagar incendios”. Mientras tanto, el presidente Bolsonaro –así como con el coronavirus– sigue negando que algo esté pasando.

Es importante señalar que si bien hay una tendencia de aumento en la deforestación amazónica de Brasil, esta es actualmente una fracción –la tercera parte– de lo que fue durante los gobiernos petistas de Lula y Dilma Rousseff. Posteriormente hubo una gran baja en la deforestación y lo que se ve ahora es un nuevo y preocupante repunte, sin duda alguna relacionado a las políticas del presidente Bolsonaro. Y, aun así, este está disfrutando de un pico de popularidad doméstica.

Incendio en los bosque de nubes adyacentes al Parque Nacional del Manu. (Foto: Conservación Amazónica-ACCA).

Colombia está en medio de una intensa discusión sobre si se debe permitir la extracción de hidrocarburos “no convencionales” (fracking). Hay un grupo en el Congreso que está proponiendo leyes que lo prohíban, incluso a niveles de experimentación, que es la actual política del presidente Duque. Las condiciones agravantes de la pandemia, sumadas al incremento de la violencia, han dejado a las áreas protegidas “desprotegidas” y continúan mellando las acciones en contra de la deforestación y control de los incendios. Se añade a ello, la pérdida constante de líderes ambientales.

Las noticias de las flotas pesqueras chinas al borde de la zona de exclusión pesquera en las Islas Galápagos son el tema de mayor resonancia en materia ambiental en Ecuador. Aparte de los gestos de condena del gobierno ecuatoriano, de las respuestas del gobierno chino, y las expresiones de preocupación mundial, es claro que la legislación internacional actual no está a la altura del problema, y poco se puede hacer aparte de una moratoria parcial. Por otro lado, la magnitud de las flotas pesqueras extranjeras no es diferente a la de los últimos años, lo cual deja pensar si más bien el problema de hoy es también parte de una campaña internacional de desprestigio al gobierno chino. Este debe ser un punto de atención en las próximas cumbres ambientales mundiales.

Ya habiendo pasado la problemática relacionada a la Reserva Nacional de Paracas, en el Perú estamos centrados en la discusión sobre el Acuerdo de Escazú (convenio regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe). Si bien la ratificación de este acuerdo sería un avance positivo para la gobernabilidad en el país, este poco haría en relación con otros problemas y asuntos urgentes de hoy (minería y tala ilegal, incendios). Recientes noticias sobre operativos en contra de la tala ilegal dan la idea de que algo todavía funciona en el país, a pesar de la pandemia. En relación a los incendios, los siguientes dos meses prometen serias consecuencias ambientales, sociales y económicas. Mientras tanto, con ballenas varadas en nuestras playas, las propuestas de las áreas protegidas marinas (Mar Tropical de Grau y la Dorsal de Nasca) continúan a la deriva.  

Focos de calor en América del Sur. Agosto del 2019. Foto: NASA.

Sapos nuevos en la región

El incremento en la deforestación e incendios en estos países responde en buena parte al retorno de las poblaciones urbanas flotantes a sus tierras de origen, en busca de medios de subsistencia. Como consecuencia de las bajas presupuestales vistas en todos, se está descuidando la custodia y el manejo de los bosques y de las áreas protegidas. No se puede dejar de lado resaltar cómo la pandemia ha afectado a las poblaciones indígenas amazónicas de todos los países, a niveles muy por encima de otros grupos sociales. Durante las últimos semanas se ha perdido a renombrados líderes indígenas tanto en Brasil, Colombia y Perú.

Y finalmente, buscando las buenas noticas a nivel regional, recientemente se realizó el segundo encuentro de presidentes amazónicos, como parte del “Pacto de Leticia”. Los presidentes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, además de los embajadores de Guyana y Surinam, se reunieron virtualmente para ratificar su compromiso por proteger la Amazonía, por el desarrollo sostenible en ella, por la defensa de la soberanía, y por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Lindas palabras y gestos de preocupación. Se acordó establecer un mecanismo financiero para ayudar en esa misión, bajo el paraguas del BID y de la OTCA (Secretaría del Tratado de Cooperación Amazónica). Con el BID a punto de cambiar de liderazgo y una OTCA crónicamente inerte, es debatible si estas noticias son auspiciosas. Quizá la mejor noticia es que se han descubierto nuevas especies de sapos.


(Foto abridora: Focos de calor en el Perú. Nasa)